La vitamina B5
El conector universal de la vida y el motor invisible de la célula

El ácido pantoténico —la vitamina B5— es una molécula hidrosoluble fundamental para la supervivencia celular de los seres vivos. A pesar de ser una de las sustancias menos mediáticas del complejo vitamínico B, su presencia resulta indispensable en múltiples rutas bioquímicas humanas: interviene en la descomposición de los macronutrientes para la obtención de energía metabólica, participa en la síntesis de hormonas esteroideas en las glándulas suprarrenales y forma parte de la maquinaria necesaria para la maduración de la hemoglobina en los glóbulos rojos.
Esta molécula destaca por su carácter omnipresente en los tejidos biológicos animales y vegetales. Su propio nombre deriva de la raíz griega pantothen, que significa «de todas partes». Sin embargo, aunque está presente en la práctica totalidad de los alimentos no procesados, los mecanismos metabólicos mediante los cuales opera en el organismo suelen ser desconocidos para el público general.
Ficha técnica
| Parámetro | Detalle |
|---|---|
| Nombres químicos | Ácido D-pantoténico, pantotenato de calcio, pantenol y pantetina. |
| Tipo | Hidrosoluble, del complejo B: el excedente se elimina por la orina y hay que reponerla a diario. |
| Superpoder principal | Servir de núcleo estructural a la coenzima A (CoA), el enganche molecular universal del metabolismo celular. |
| Dato curioso exprés | Es tan ridículamente abundante en la naturaleza que una deficiencia aislada en seres humanos es uno de los fenómenos médicos más raros del planeta: prácticamente solo se ha documentado en hambrunas extremas y en experimentos con dietas sintéticas. |
Un poco de historia…
A principios del siglo XX, la bioquímica vivía una época dorada de descubrimientos compulsivos. Los científicos aislaban compuestos de la levadura y del arroz a un ritmo vertiginoso, y bautizaban cada sustancia según la enfermedad que prevenía: la tiamina (B1) curaba el beriberi; la niacina (B3) frenaba la pelagra. Pero un bioquímico estadounidense llamado Roger J. Williams tropezó en 1933 con un enigma distinto.
Williams no estaba buscando una cura para una plaga humana, sino intentando averiguar qué sustancia química exacta necesitaban las levaduras de la cerveza para multiplicarse. Observó que, independientemente del tejido biológico que triturase en el laboratorio —fuera hígado de buey, espinacas hervidas, bacterias intestinales o jugo de manzana—, siempre aparecía una fracción ácida y altamente soluble en agua que aceleraba de forma drástica el crecimiento de los microorganismos.
Aquella sustancia parecía una sombra biológica imposible de esquivar. Fascinado por su ubicuidad, Williams propuso bautizarla con un vocablo de raíz griega: ácido pantoténico, derivado de pantothen, que se traduce literalmente como «desde todas partes».
Sin embargo, descubrir la molécula fue solo la mitad del misterio. Durante casi dos décadas nadie entendió qué hacía exactamente esa vitamina dentro del cuerpo humano. ¿Por qué la naturaleza se había tomado el trabajo de meter ácido pantoténico en cada célula viva del planeta?

La respuesta llegó en 1945 de la mano del bioquímico germano-estadounidense Fritz Lipmann. Trabajando en el Hospital General de Massachusetts, Lipmann intentaba descifrar cómo las células logran pegar fragmentos de carbono unos con otros para fabricar grasas o descomponer azúcares. Descubrió un cofactor químico desconocido hasta entonces al que llamó coenzima A, donde la «A» significa acetilación: la transferencia de grupos acetilo.
Cuando analizó la estructura fina de esa intrincada arquitectura química, se llevó una sorpresa histórica: en el mismísimo centro se encontraba intacta la molécula de ácido pantoténico que Williams había descrito años atrás. La vitamina B5 no era la herramienta en sí misma; era el componente estructural indispensable para construir el martillo fundamental de la vida celular. El hallazgo le valió a Lipmann el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1953, y elevó al modesto ácido pantoténico al altar supremo de la bioquímica moderna.
Manual de mecánica celular: ¿qué hace la vitamina B5 en tu cuerpo?
Para entender qué hace la vitamina B5 en tus células, imagina un taller mecánico de alta precisión. Las proteínas, las grasas y los carbohidratos que ingieres llegan al taller como bloques masivos de metal. Para convertirlos en energía o en piezas de repuesto, los obreros metabólicos —las enzimas— necesitan cortar esos bloques en piezas pequeñas de dos carbonos llamadas grupos acetilo.
Pero un grupo acetilo libre es químicamente inestable y peligroso. Necesita un vehículo con un enganche especial para ser transportado de forma segura sin destruir la célula. Ese vehículo es la coenzima A (CoA), y el gancho de remolque es la vitamina B5.
Cuando la vitamina B5 se convierte en coenzima A mediante una serie de fosforilaciones intracelulares, y esta carga un grupo acetilo para formar acetil-CoA, asume tres roles biológicos inmensos.

La aduana central del metabolismo: el ciclo de Krebs
Tanto si te comes una manzana (carbohidratos) como un filete (proteínas) o un aguacate (grasas), todas las rutas de degradación convergen en un único punto nodal: la formación de acetil-CoA. Es el combustible que entra directamente en la matriz mitocondrial para alimentar el ciclo de Krebs, el horno celular. Sin la B5 el horno se apaga, y la célula queda incapacitada para convertir la comida en ATP, la moneda energética biológica.
La fábrica de lípidos y membranas
La vitamina B5 no solo ayuda a «quemar» grasa mediante la betaoxidación; también es indispensable para construirla. Forma parte de la proteína transportadora de acilos (ACP), un brazo molecular que ensambla los ácidos grasos necesarios para levantar las membranas plasmáticas de todas tus células. Sin ese mecanismo, la integridad estructural de tus tejidos se colapsaría.
La síntesis de hormonas y neurotransmisores
En la corteza de las glándulas suprarrenales, la coenzima A es la herramienta con la que el cuerpo transforma el colesterol en hormonas esteroideas indispensables para la supervivencia:
- Cortisol: la molécula de gestión del estrés y la inflamación.
- Aldosterona: el regulador de la presión arterial y del equilibrio salino.
- Neurotransmisores: en el sistema nervioso, la acetil-CoA cede su grupo acetilo a la colina para sintetizar acetilcolina, el mensajero químico esencial para la memoria, la concentración y la contracción muscular.
Las glándulas suprarrenales son, de hecho, devoradoras masivas de vitamina B5. ¿Por qué? Porque el colesterol —el precursor básico de hormonas como el cortisol, la aldosterona, la DHEA, la testosterona y los estrógenos— se construye paso a paso uniendo múltiples moléculas de acetil-CoA. Sin suficiente ácido pantoténico, la producción de esteroides suprarrenales se ve seriamente comprometida.
El arte de la biodisponibilidad
Pocas moléculas hacen honor a su nombre con tanta firmeza como la vitamina B5. Puesto que todas las células vivas —animales, vegetales, fúngicas o bacterianas— necesitan coenzima A para subsistir, prácticamente cualquier alimento no ultraprocesado contiene ácido pantoténico.

Principales fuentes de vitamina B5
Aunque está presente en casi todo, hay ingredientes que representan auténticas bombas concentradas de B5:
- Vísceras: el hígado y los riñones están entre las despensas más ricas, por ser los órganos metabólicamente más activos y los más repletos de mitocondrias.
- Hongos y setas: las setas, y en especial las variedades asiáticas como el shiitake, son recolectoras excepcionales de esta vitamina: deshidratadas rozan los 22 mg por cada 100 gramos, más que ningún otro alimento de la despensa.
- Semillas y frutos secos: las semillas de girasol son verdaderos tesoros de B5.
- Yema de huevo y aguacate: contienen formas altamente solubles y protegidas dentro de matrices lipídicas naturales.
- Jalea real: es la fuente natural más densa en ácido pantoténico que se conoce, aunque su contenido varía enormemente con el origen —entre 12 y 56 mg por cada 100 gramos—.
Sinergias y antagonistas
Para que la vitamina B5 se absorba de manera óptima en el yeyuno —el tramo medio del intestino delgado—, primero debe liberarse de la coenzima A presente en los alimentos mediante enzimas pancreáticas. A partir de ahí, lo que decide cuánta llega a tus células es la compañía:
| Aliados de la absorción | Antagonistas y destructores |
|---|---|
| El complejo B, coordinado: convertir la B5 en coenzima A exige magnesio, ATP y la presencia de vitaminas B6 y B12; y de nada sirve tener mucha B5 si falta B2 para completar la cadena respiratoria. Trabajan como una orquesta. | Alcohol: el consumo crónico de etanol daña el epitelio intestinal e inhibe el transporte activo de pantotenato en los enterocitos, mediado por el transportador multivitamínico dependiente de sodio (SMVT). |
| Microbiota intestinal: bacterias como Escherichia coli y géneros de Lactobacillus sintetizan ácido pantoténico de forma natural en el colon, aunque el nivel exacto de absorción sistémica aún se investiga. | Calor seco prolongado: los salteados a altas temperaturas y las frituras rompen la molécula por su enlace amida. |
| Grasas saludables: consumir B5 junto con lípidos sanos estimula la liberación de bilis y optimiza la digestión general. | Refinado y ultraprocesado: los azúcares refinados y las harinas blancas aportan «calorías vacías» que consumen B5 para metabolizarse sin devolver nada a cambio. |
Luces y sombras: deficiencia frente a toxicidad
El déficit
Es extremadamente raro observar un déficit aislado de vitamina B5 en la población general. Sin embargo, la historia nos ha proporcionado escenarios dramáticos para estudiar qué ocurre cuando esta molécula desaparece por completo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de prisioneros en los campos del Sudeste Asiático empezaron a experimentar un cuadro clínico escalofriante conocido como el síndrome de los pies ardiendo (burning feet syndrome): un ardor punzante en las plantas de los pies que se agudizaba por la noche y que remitía al administrar ácido pantoténico.
En la actualidad, la deficiencia solo se observa en personas con desnutrición calórico-proteica extrema, alcoholismo severo o una condición genética hiperrara llamada PKAN (neurodegeneración asociada a la pantotenato quinasa), una mutación en el gen PANK2 que interfiere con la primera etapa de la síntesis de coenzima A en el cerebro y provoca una acumulación tóxica de hierro en los ganglios basales.
Los síntomas de una deficiencia de B5 reflejan exactamente los tejidos que más coenzima A consumen:
- Sistema nervioso: parestesias, insomnio, fatiga crónica y falta de coordinación motora, por la incapacidad de fabricar la mielina que recubre los nervios y el neurotransmisor acetilcolina.
- Sistema endocrino: atrofia de la corteza suprarrenal, hipotensión, debilidad muscular e incapacidad para tolerar el estrés metabólico o ambiental.
- Aparato digestivo: dolores abdominales, náuseas y espasmos, debidos a la falta de tono muscular en las paredes intestinales.
La toxicidad
Al tratarse de una vitamina hidrosoluble, el cuerpo humano cuenta con un sistema de depuración renal extraordinariamente eficiente para la B5. Si ingieres más ácido pantoténico del que tus células necesitan para saturar sus reservas de coenzima A, el exceso se filtra libremente por los glomérulos renales y se elimina en la orina.
No existe un nivel máximo de ingesta tolerable (UL) formalmente establecido para la vitamina B5, ya que no se han documentado efectos tóxicos graves, hepatotoxicidad ni neurotoxicidad en seres humanos, ni siquiera con dosis orales masivas de varios gramos diarios.
El rincón del mito
«El pantenol del champú repara el cabello»
Si abres casi cualquier bote de champú o acondicionador de tu baño, es muy probable que encuentres en la etiqueta ingredientes como D-pantenol o «provitamina B5». La publicidad nos ha vendido durante décadas la idea de que aplicar esta vitamina sobre el cabello «alimenta la fibra capilar desde el exterior y la resucita».
La realidad científica: la hebra de cabello que emerge del cuero cabelludo es una estructura biológicamente muerta, compuesta por queratina cristalizada, sin metabolismo, sin mitocondrias y sin capacidad alguna para sintetizar coenzima A. La vitamina B5 no puede «nutrir» ni reparar un cabello muerto desde fuera.
Sin embargo, el D-pantenol sí posee una propiedad física útil: es un extraordinario humectante higroscópico. Penetra ligeramente la cutícula externa del cabello y atrae agua, lo que aumenta temporalmente el grosor aparente de la fibra y reduce la fricción. El beneficio es puramente cosmético y físico, no nutricional. Para que la vitamina B5 ayude de verdad a la salud del folículo piloso —donde sí hay células vivas—, tiene que llegar por la microcirculación sanguínea desde el interior del organismo, es decir, a través de la dieta.
Vanguardia científica
Lejos de los clichés publicitarios, la investigación biomédica actual está descubriendo facetas fascinantes de la vitamina B5 en campos altamente especializados.
Neurodegeneración: la enfermedad PKAN
En el ámbito de la neurología de precisión destaca el estudio de la PKAN (pantothenate kinase-associated neurodegeneration, neurodegeneración asociada a la pantotenato quinasa). Se trata de una enfermedad genética rara y devastadora en la que una mutación en el gen PANK2 inhabilita la enzima responsable de fosforilar la vitamina B5 en el cerebro.
Sin esa reacción, las neuronas de los ganglios basales sufren un déficit insostenible de coenzima A, lo que provoca la acumulación patológica de hierro en el cerebro, disquinesias graves y demencia. Los científicos están probando moléculas derivadas, como la pantetina o precursores sintéticos capaces de saltarse el bloqueo enzimático y cruzar la barrera hematoencefálica, lo que abre una vía de esperanza para estos pacientes.
La microbiota como fábrica interna de pantotenato
Las investigaciones recientes sobre el microbioma humano han revelado que las bacterias comensales de nuestro colon —especialmente cepas de Escherichia coli y del género Bacteroides— poseen la maquinaria genética completa para sintetizar ácido pantoténico de novo.
La ciencia de vanguardia estudia cómo esa producción bacteriana de B5 en el intestino no solo contribuye al estatus nutricional del huésped, sino que actúa como una señal de comunicación metabólica que regula la diferenciación de las células inmunitarias —los linfocitos T reguladores— en la mucosa intestinal, y modula así la inflamación sistémica.
Epigenética y longevidad
La acetil-CoA, cuyo corazón es la B5, no solo produce energía: es el donante del grupo acetilo necesario para la acetilación de las histonas, las proteínas alrededor de las cuales se enrolla el ADN. Cuando una histona se acetila, la estructura de la cromatina se «abre» y permite que los genes se lean y se expresen. Los cambios en la disponibilidad celular de acetil-CoA modulan directamente la expresión génica, la reparación del ADN y los procesos de envejecimiento celular, lo que sitúa a la vitamina B5 en el centro de la biología epigenética contemporánea.
Próxima parada…
Con esto cerramos el expediente de esta molécula todoterreno, la humilde trabajadora que opera desde las sombras para que los billones de células de tu cuerpo puedan respirar, reconstruirse y obtener energía. Pero nuestro viaje por el imperio de los micronutrientes no se detiene aquí.
En el próximo artículo: la vitamina B6 (piridoxina), la maestra de orquesta del metabolismo proteico, la química que hay detrás de la serotonina y el catalizador sin el cual nuestro cerebro no podría fabricar los pensamientos que nos definen.
Referencias y respaldo científico
- El artículo que aisló la fracción y le puso el nombre de «lo que está en todas partes». Williams, R. J., Lyman, C. M., Goodyear, G. H., Truesdail, J. H., & Holaday, D. (1933). “Pantothenic acid,” a growth determinant of universal biological occurrence. Journal of the American Chemical Society, 55(7), 2912-2927. Consultar estudio (DOI)
- El hallazgo de que la coenzima A lleva ácido pantoténico en su núcleo, que valió el Nobel de 1953. Lipmann, F., Kaplan, N. O., Novelli, G. D., Tuttle, L. C., & Guirard, B. M. (1947). Coenzyme for acetylation, a pantothenic acid derivative. The Journal of Biological Chemistry, 167(3), 869-870. Consultar estudio en PubMed
- La revisión que ordena la biosíntesis de la coenzima A y todo lo que sostiene. Leonardi, R., Zhang, Y.-M., Rock, C. O., & Jackowski, S. (2005). Coenzyme A: back in action. Progress in Lipid Research, 44(2-3), 125-153. Consultar estudio (DOI)
- El informe oficial que fija la absorción por el transportador SMVT y las ingestas de referencia. Institute of Medicine (US) Standing Committee on the Scientific Evaluation of Dietary Reference Intakes (1998). Dietary Reference Intakes for Thiamin, Riboflavin, Niacin, Vitamin B6, Folate, Vitamin B12, Pantothenic Acid, Biotin, and Choline. National Academies Press. Consultar el capítulo sobre ácido pantoténico
- La medida que confirma a la jalea real como la fuente natural más rica, con enormes variaciones según el origen. Ciulu, M., Floris, I., Nurchi, V. M., Panzanelli, A., Pilo, M. I., Spano, N., & Sanna, G. (2013). HPLC determination of pantothenic acid in royal jelly. Analytical Methods, 5(23), 6682-6685. Consultar estudio (DOI)
- La descripción original del síndrome de los pies ardiendo que revertía con pantotenato. Gopalan, C. (1946). The “burning-feet” syndrome. The Indian Medical Gazette, 81(1), 22-26. Consultar estudio en PMC
- La deficiencia provocada con un antimetabolito: fallo suprarrenal, hipotensión, debilidad e insomnio. Hodges, R. E., Bean, W. B., Ohlson, M. A., & Bleiler, R. (1959). Human pantothenic acid deficiency produced by omega-methyl pantothenic acid. The Journal of Clinical Investigation, 38(8), 1421-1425. Consultar estudio (DOI)
- La acetil-CoA como segundo mensajero que regula la acetilación de histonas y la autofagia. Pietrocola, F., Galluzzi, L., Bravo-San Pedro, J. M., Madeo, F., & Kroemer, G. (2015). Acetyl coenzyme A: a central metabolite and second messenger. Cell Metabolism, 21(6), 805-821. Consultar estudio (DOI)
- Cortarle el pantotenato a la tuberculosis la deja inofensiva, y sirve como vacuna en ratones. Sambandamurthy, V. K., Wang, X., Chen, B., Russell, R. G., Derrick, S., Collins, F. M., Morris, S. L., & Jacobs, W. R., Jr. (2002). A pantothenate auxotroph of Mycobacterium tuberculosis is highly attenuated and protects mice against tuberculosis. Nature Medicine, 8(10), 1171-1174. Consultar estudio (DOI)
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