La vitamina B6
El taller donde se fabrican los neurotransmisores

En 1952, los pabellones de pediatría de varios hospitales de Estados Unidos presenciaron una escena espeluznante: lactantes de pocos meses, aparentemente sanos, empezaban a sufrir convulsiones graves, violentas e inexplicables. Los electroencefalogramas mostraban una actividad cerebral caótica, idéntica a la del mal epiléptico más severo. Se probaron anticonvulsivos convencionales, sedantes y terapias térmicas, pero nada detenía los espasmos. Para terror de los médicos, algunos bebés morían o quedaban con daños neurológicos permanentes, mientras otros se recuperaban de forma espontánea sin dejar rastro de la crisis.
El misterio tardó meses en resolverse, y la pista definitiva no estaba en un hospital ni en un laboratorio de neurología, sino en el departamento de control de calidad de una conocida marca de leche infantil formulada. La empresa había modificado sutilmente el proceso de esterilización por calor de su leche en lata. El exceso de temperatura no alteraba el sabor ni destruía las proteínas, pero destruía sigilosamente una molécula pequeña, frágil e imprescindible: la piridoxina. Al inyectar una dosis microscópica de vitamina B6 purificada a los bebés en plena convulsión, los espasmos cesaban en cuestión de minutos, y devolvían la calma al cerebro infantil como si se hubiera accionado un interruptor biológico.
Aquel dramático episodio reveló al mundo de la bioquímica que la vitamina B6 no es un simple «complemento nutritivo», sino el gran director de la orquesta aminoacídica: el catalizador maestro del que depende la producción de los neurotransmisores que mantienen acoplada nuestra realidad mental.
Ficha técnica
| Parámetro | Detalle |
|---|---|
| Nombres químicos | Piridoxina (la forma de los vegetales y de los suplementos), piridoxal y piridoxamina (las formas animales). Su forma activa metabólica es el piridoxal 5’-fosfato (PLP). |
| Tipo | Hidrosoluble, del complejo B: el excedente se elimina por la orina y hay que reponerla a diario. |
| Superpoder principal | Administrar el tráfico global de los aminoácidos: transformar unas moléculas en otras y ensamblar los neurotransmisores de los que depende tu estado de ánimo. |
| Dato curioso exprés | Es una de las poquísimas vitaminas hidrosolubles que, consumida de forma masiva y prolongada, puede causar una toxicidad neurológica grave. |
Un poco de historia…
A principios del siglo XX, la bioquímica vivía su particular fiebre del oro. Tras el descubrimiento de los factores liposolubles e hidrosolubles básicos, la lista de las llamadas «aminas vitales» no paraba de crecer. Sin embargo, el complejo B era un terreno pantanoso donde reinaba la confusión: lo que entonces se llamaba «vitamina B2» no era una molécula, sino un cajón de sastre de todo lo que resistía el calor.
En la década de 1930, el médico e investigador húngaro Paul György, afincado en la Universidad Case Western Reserve, buscaba la causa de una dermatosis severa en ratas de laboratorio. Las ratas alimentadas con una dieta purificada desarrollaban una inflamación dolorosa en las patas, las orejas y el hocico, una condición denominada acrodinia. Durante mucho tiempo se creyó que esta patología era idéntica a la pelagra humana, causada por la falta de niacina (vitamina B3), o al beriberi, causado por la falta de tiamina (vitamina B1).
György sospechaba que dentro de aquel extracto amorfo se escondía más de un ingrediente activo. Diseñó un elegante proceso de eliminación: sometió los extractos de levadura a distintos tratamientos químicos y térmicos para destruir progresivamente la tiamina y la riboflavina (vitamina B2 en el sentido moderno). Al administrar la fracción restante a las ratas enfermas, la piel inflamada se curaba. En 1934, György bautizó formalmente a ese factor superviviente como vitamina B6.
El aislamiento químico no se hizo esperar. En 1938, de forma casi simultánea, cinco grupos de investigación independientes en Estados Unidos, Alemania y Japón lograron cristalizar la vitamina pura a partir de salvado de arroz y de levadura; entre ellos, el del químico estadounidense Samuel Lepkovsky. Un año más tarde se resolvió su estructura química —lo hicieron por separado el grupo de Leslie Harris y Karl Folkers y el de Richard Kuhn—, y apareció un anillo de piridina decorado con grupos hidroxilo y metilo. György propuso entonces el nombre con el que todos la conocemos: piridoxina.
No obstante, la historia guardaba una última vuelta de tuerca. En la década de 1940, el bioquímico estadounidense Esmond E. Snell descubrió que la piridoxina comercial no era la forma más activa en los tejidos vivos. Las bacterias de laboratorio crecían mucho más rápido cuando se les suministraban derivados oxidados o aminados de la molécula: el piridoxal y la piridoxamina. Más aún: Snell demostró que esas dos formas se convertían la una en la otra mediante reacciones de transaminación, que es exactamente el oficio que la vitamina ejerce dentro de nosotros. El verdadero motor de nuestras células no era la vitamina tal como entra por la boca, sino su forma fosforilada: el piridoxal 5’-fosfato (PLP).
Manual de mecánica celular: ¿qué hace la vitamina B6 en tu cuerpo?
Para entender qué hace la vitamina B6 en el cuerpo podemos imaginar la célula como una gigantesca obra en construcción. Si los aminoácidos son los ladrillos con los que se edifican las estructuras del organismo, la vitamina B6 —en su forma activa de piridoxal 5’-fosfato (PLP)— es la caja de herramientas suiza de los maestros de obra.
El PLP actúa como coenzima en más de 140 reacciones enzimáticas distintas, aproximadamente el 4 % de todas las actividades enzimáticas catalogadas. Ninguna otra coenzima gestiona un abanico tan diverso de transformaciones químicas.

Transaminación
El organismo humano necesita veinte aminoácidos diferentes para construir tejidos, enzimas y anticuerpos, pero solo nueve son esenciales en la dieta. ¿Cómo fabrica el cuerpo los once restantes? Mediante la transaminación. Las enzimas transaminasas, equipadas con PLP, toman el grupo amino (−NH₂) de un aminoácido sobrante y lo transfieren a otra molécula para fabricar el aminoácido exacto que se requiere en ese preciso instante. Sin B6, la capacidad de remodelar las proteínas internas se paraliza.
Síntesis de neurotransmisores
El cerebro utiliza aminoácidos procedentes de la dieta para fabricar las sustancias químicas que regulan las emociones, la vigilia y el sueño. La vitamina B6 es el paso obligado de esta cadena de montaje:
- Triptófano → serotonina: la enzima descarboxilasa de L-aminoácidos aromáticos requiere PLP para transformar el triptófano en serotonina, la molécula del bienestar y la calma.
- Glutamato → GABA: el glutamato es el principal excitador del cerebro. Para evitar que las neuronas se «quemen» por sobreexcitación, la enzima glutamato descarboxilasa —dependiente de B6— le quita un grupo carboxilo y lo convierte en GABA, el principal freno inhibitorio del sistema nervioso. Cuando falta B6, el freno falla: esa es exactamente la hiperexcitabilidad que vimos en los bebés de 1952.
- Tirosina → dopamina y noradrenalina: las dos claves del sistema de recompensa, la motivación y la atención.
Hemoglobina y glucógeno
El músculo esquelético almacena grandes cantidades de glucosa en forma de glucógeno para las emergencias energéticas. La enzima encargada de romper ese almacén, la glucógeno fosforilasa, requiere PLP para funcionar. De hecho, en torno al 80 % de toda la B6 de tu cuerpo no está en el cerebro ni en el hígado, sino empaquetada en la masa muscular, fijada a esta enzima. Tu mayor reserva de la vitamina del cerebro está, paradójicamente, en los muslos.
Además, la B6 es el catalizador del primer paso en la fabricación del grupo hemo, la «cesta» que sujeta el hierro dentro de los glóbulos rojos y transporta el oxígeno a cada rincón del organismo.
El arte de la biodisponibilidad
En la jungla nutricional, la B6 se presenta con caras muy distintas según si el alimento viene de un prado o de un huerto. Entender esa diferencia es fundamental para evitar deficiencias.
En el reino vegetal —en los cereales integrales, algunas legumbres y los vegetales de hoja verde— una parte importante de la vitamina B6 se encuentra unida a una molécula de glucosa, y forma un compuesto denominado piridoxina-5’-β-D-glucósido (PNG).
Nuestro intestino carece de enzimas suficientemente eficientes para romper ese enlace entre azúcar y vitamina. El resultado está medido: cuando se administra PNG marcado con isótopos estables, el cuerpo humano aprovecha alrededor de la mitad de lo que aprovecharía de la misma cantidad de piridoxina libre. Por eso una persona que sigue una dieta estrictamente basada en plantas puede necesitar un aporte nominal algo superior de la vitamina. Y hay un detalle más incómodo: el PNG no solo se absorbe mal, sino que estorba a la piridoxina libre que viaja con él en la misma comida.

Principales fuentes de vitamina B6
Existe la creencia popular de que el plátano es el rey indiscutible de la B6. Es una fuente vegetal excelente, pero la realidad gastronómica y biológica es mucho más rica:
- Pescados grasos y magros: el atún, el salmón y la caballa albergan concentraciones elevadas de piridoxal y piridoxamina, listas para que las usen nuestras células.
- Vísceras: el hígado de ternera o de pollo es, con diferencia, el depósito más concentrado de la vitamina en el reino animal.
- Aves de corral: la pechuga de pavo y de pollo ofrece una densidad de B6 muy superior a la de la mayoría de las verduras.
- Fuentes vegetales destacadas: los garbanzos —una taza de garbanzos cocidos supera a casi cualquier fruta—, las patatas, las pipas de girasol, los pistachos y, por supuesto, los plátanos y los aguacates.
La vulnerabilidad en la cocina
La vitamina B6 es hidrosoluble y sensible al ambiente, así que buena parte de lo que acaba en tu plato depende de cómo lo hayas cocinado:
- Efecto lixiviación: hervir patatas o verduras troceadas en abundante agua hace que la B6 se disuelva en el líquido. Si se desecha ese caldo de cocción, el hervido se lleva por delante entre un tercio y más de la mitad del contenido original. Cocinar al vapor, al horno o en el microondas conserva la molécula casi intacta.
- Sensibilidad térmica y lumínica: el piridoxal, abundante en las carnes, es sensible al calor extremo prolongado; en la carne cocinada se conserva algo más de la mitad de la vitamina de partida. Las conservas térmicas intensas o el fritado a muy alta temperatura degradan parte del contenido —el accidente de 1952 fue justo eso, a escala industrial—. Además, la B6 disuelta en fluidos es fuertemente fotosensible: la luz solar directa la destruye con rapidez.
Sinergias y bloqueadores
- Sinergia con el magnesio: la enzima que transforma la piridoxina de la dieta en PLP activo dentro de tus células, la piridoxal quinasa, no funciona con la vitamina sola: necesita ATP y magnesio sujetando ese ATP en su sitio activo. Sin suficiente magnesio, el procesamiento metabólico de la B6 se vuelve ineficiente.
- El antagonista de la hidracina: ciertos fármacos interactúan directamente con la estructura de la B6 y la neutralizan. El caso más clásico es la isoniazida, un antibiótico empleado frente a la tuberculosis, que se une al piridoxal y forma una hidrazona inactiva que se excreta por la orina; de paso, frena también la enzima que activa la vitamina. Por eso los pacientes en tratamiento con isoniazida reciben suplementos profilácticos de B6 para evitar neuropatías.
- Alcohol y tabaco: el acetaldehído, el primer metabolito de la degradación del alcohol en el hígado, desplaza al PLP de sus proteínas de transporte celular y acelera su destrucción enzimática.
Luces y sombras: deficiencia frente a toxicidad
La vitamina B6 habita en un equilibrio fisiológico bastante delicado. Es una de las pocas moléculas de la nutrición en las que tanto el defecto como el exceso manifiestan sus síntomas en el sistema nervioso.
El déficit
Un déficit leve o moderado de B6 es sutil, y a menudo se confunde con el estrés cotidiano o con la fatiga crónica. Sin embargo, a medida que las reservas de PLP caen en picado, los síntomas adquieren un tinte biológico característico:
- Disfunción neurológica y afectiva: depresión, confusión, irritabilidad y, en los casos extremos, temblores e hiperacusia, una sensibilidad extrema al ruido.
- Glositis y queilitis angular: la lengua se vuelve lisa, roja e inflamada, y se forman grietas dolorosas en las comisuras de los labios por la interrupción de la síntesis de colágeno y la lenta renovación epidérmica.
- Anemia sideroblástica: a pesar de tener abundantes reservas de hierro en el cuerpo, los glóbulos rojos no pueden fabricar hemoglobina. El hierro se acumula inútilmente dentro de las mitocondrias de los eritroblastos en desarrollo, y forma unos anillos visibles al microscopio: los «sideroblastos en anillo».
- Acumulación de homocisteína: al no poder desintoxicar la homocisteína a través de la vía de la cistationina-β-sintasa, dependiente de B6, este aminoácido azufrado se eleva en la sangre, lesiona el endotelio vascular y dispara el riesgo cardiovascular.
La toxicidad
Las vitaminas hidrosolubles suelen considerarse seguras porque el exceso se elimina por la orina. Sin embargo, la vitamina B6 es una excepción parcial.
A través de la alimentación es prácticamente imposible alcanzar niveles tóxicos. El problema aparece con la suplementación sintética descontrolada. Para hacerse una idea de la distancia: la cantidad diaria recomendada en un adulto ronda los 1,3 a 1,7 mg, y los casos clásicos de intoxicación se describieron con dosis de 100 a 200 mg diarios mantenidas durante meses o años. En 2023, tras revisar las evidencias, la autoridad europea de seguridad alimentaria fijó el límite máximo tolerable de suplementación en apenas 12 mg al día para los adultos —un recorte notable respecto a lo que se asumía seguro durante décadas—.
En los años setenta y ochenta se popularizó el uso de dosis masivas de piridoxina para tratar la tensión premenstrual o el síndrome del túnel carpiano. Tiempo después, los neurólogos empezaron a recibir pacientes con una dolencia enigmática: neuropatía sensitiva atáxica.
Los pacientes perdían la capacidad de sentir dónde estaban sus pies al caminar. Sentían un entumecimiento severo en forma de «guante y calcetín», ardor en las extremidades e incapacidad para mantenerse en pie con los ojos cerrados: el signo de Romberg positivo.
El mecanismo de esta toxicidad resulta irónico. Las dosis altas de piridoxina no fosforilada en sangre saturan los transportadores celulares y compiten enzimáticamente con la forma activa, el PLP, y crean así un estado de deficiencia funcional a nivel neuronal. La vitamina en exceso termina haciendo lo mismo que su ausencia. La piridoxina en dosis tóxicas destruye las neuronas del ganglio de la raíz dorsal, las responsables de la propiocepción.
Afortunadamente, al suspender la suplementación masiva los síntomas suelen remitir, aunque la recuperación nerviosa puede tardar meses o años.
El rincón del mito
«La suplementación con B6 alivia las náuseas del embarazo sin riesgo alguno»
Dado que la vitamina B6 se prescribe con frecuencia —a menudo combinada con doxilamina— para aliviar las náuseas del primer trimestre, existe la creencia popular de que cualquier mujer embarazada puede tomar megadosis de vitamina B6 por su cuenta, como un «remedio natural libre de fármacos».
La realidad científica es más matizada. Que la combinación de doxilamina y piridoxina en dosis terapéuticas controladas sea segura en el embarazo está entre lo mejor documentado de la farmacología obstétrica: es el único antiemético con la categoría A de la FDA. Su eficacia, en cambio, es más modesta de lo que sugiere su fama, y los reanálisis del ensayo que la aprobó discuten cuánto del efecto es clínicamente relevante. Y lo que desde luego no se traslada de la dosis terapéutica a la megadosis por cuenta propia es la seguridad: la piridoxina cruza la placenta, y en recién nacidos sanos expuestos a niveles altos se ha descrito el efecto contrario al esperado, una hiperexcitabilidad neuronal en lugar de una protección frente a las convulsiones. Hay además casos documentados de neonatos que convulsionaron en sus primeros días y en los que se atribuyó el cuadro al tratamiento materno con piridoxina durante la gestación y la lactancia. La suplementación prenatal siempre debe estar bajo supervisión médica directa.
Vanguardia científica
La microbiota como fábrica interna de B6
En los últimos años, la investigación sobre la B6 ha dejado de centrarse únicamente en la nutrición humana para mirar hacia la selva microscópica de nuestro intestino: la microbiota.
Varias cepas de bacterias comensales —Bifidobacterium longum, Bacteroides fragilis, Prevotella copri y otras— poseen la maquinaria genética para sintetizar vitamina B6 de novo, y lo hacen directamente en su forma fosforilada. En el intestino grueso, ese PLP bacteriano se desfosforila y la vitamina libre se absorbe por transporte pasivo, de modo que tienes dos proveedores: lo que comes y lo que tus inquilinos fabrican.
Lo interesante es que esa producción bacteriana no parece ser solo un suplemento nutricional de refuerzo. En 2026, un trabajo publicado en Gut Microbes eliminó el gen pdxJ —el que las bacterias intestinales usan para fabricar B6— en los microbios que colonizaban a sus animales de experimentación, y observó en ellos una caída de la dopamina y un deterioro de la coordinación motora que se corregían al suplementar con la vitamina. El vínculo es directo: el PLP bacteriano es el cofactor que el huésped necesita para que su propia enzima descarboxilasa convierta la L-DOPA en dopamina. Los autores encontraron además un enriquecimiento de las rutas bacterianas de síntesis de PLP en muestras fecales de pacientes con enfermedad de Parkinson, lo que abre una pregunta incómoda y fascinante a la vez sobre quién provee realmente el cofactor de nuestros neurotransmisores.
El otro frente es inmunológico. Las enzimas dependientes de PLP se sitúan en el cruce exacto entre el metabolismo del triptófano del huésped y el de sus bacterias, y los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal en fase activa presentan concentraciones plasmáticas de PLP significativamente más bajas que los que están en remisión. Que esa caída sea causa, consecuencia o ambas cosas —y si mantener un suministro equilibrado de B6 en la mucosa ayudaría a prevenir la disbiosis— es precisamente lo que se está investigando ahora.
La vía de la quinurenina y el neuroenvejecimiento
Cuando hay inflamación crónica sistémica —común en el envejecimiento, la obesidad o la depresión mayor—, el cuerpo desvía el aminoácido triptófano lejos de la producción de serotonina y lo empuja hacia la vía de la quinurenina. Esa vía puede terminar en productos muy distintos: el ácido quinurénico, que bloquea el receptor NMDA y protege a la neurona, o el ácido quinolínico, una potente neurotoxina.
Las dos enzimas que gobiernan ese reparto —la quinurenina aminotransferasa y la quinureninasa— dependen de PLP, y no son igual de sensibles a su escasez: la quinureninasa se descuelga antes, así que cuando falta B6 el tráfico de triptófano se desvía hacia subproductos que no interesan. Si el déficit coincide con un episodio inflamatorio, la balanza se inclina en la peor dirección posible. La investigación actual evalúa el estatus de PLP como un biomarcador para anticipar el deterioro cognitivo.
Próxima parada…
Llegamos al final de esta entrega dedicada al catalizador más versátil de nuestro catálogo químico celular, una sola molécula que hace de aduana de las proteínas y de guardián de los neurotransmisores.
En el próximo artículo: la vitamina B7 (biotina), la molécula silenciosa que teje la arquitectura de la queratina, transforma los macronutrientes en combustible puro y custodia el metabolismo celular desde la raíz.
Referencias y respaldo científico
- El informe clínico de la epidemia de convulsiones de 1952, causada por una leche infantil sobrecalentada. Coursin, D. B. (1954). Convulsive seizures in infants with pyridoxine-deficient diet. JAMA, 154(5), 406-408. Consultar estudio (DOI)
- La carta en la que György separó un factor nuevo del cajón de sastre que entonces se llamaba «vitamina B2» y lo bautizó B6. György, P. (1934). Vitamin B2 and the pellagra-like dermatitis in rats. Nature, 133(3365), 498-499. Consultar estudio (DOI)
- El trabajo que demostró que el piridoxal y la piridoxamina se convierten el uno en el otro por transaminación, el oficio central de la vitamina. Snell, E. E. (1945). The vitamin B6 group. V. The reversible interconversion of pyridoxal and pyridoxamine by transamination reactions. Journal of the American Chemical Society, 67(2), 194-197. Consultar estudio (DOI)
- El recuento genómico de donde salen las cifras: más de 140 actividades enzimáticas dependientes de PLP, el 4 % de todas las catalogadas. Percudani, R., & Peracchi, A. (2003). A genomic overview of pyridoxal-phosphate-dependent enzymes. EMBO Reports, 4(9), 850-854. Consultar estudio (DOI)
- La revisión que ordena cómo la célula recicla y activa la vitamina hasta convertirla en PLP. Di Salvo, M. L., Contestabile, R., & Safo, M. K. (2011). Vitamin B6 salvage enzymes: mechanism, structure and regulation. Biochimica et Biophysica Acta (BBA) - Proteins and Proteomics, 1814(11), 1597-1608. Consultar estudio (DOI)
- Una panorámica moderna de todo lo que la B6 sostiene en la fisiología celular. Parra, M., Stahl, S., & Hellmann, H. (2018). Vitamin B6 and its role in cell metabolism and physiology. Cells, 7(7), 84. Consultar estudio (DOI)
- Las biopsias musculares que situaron en torno al 80 % de la B6 del cuerpo en el músculo, fijada a la glucógeno fosforilasa. Coburn, S. P., Lewis, D. L. N., Fink, W. J., Mahuren, J. D., Schaltenbrand, W. E., & Costill, D. L. (1988). Human vitamin B-6 pools estimated through muscle biopsies. The American Journal of Clinical Nutrition, 48(2), 291-294. Consultar estudio (DOI)
- La medida con isótopos estables de cuánta B6 vegetal se pierde: el glucósido se aprovecha a la mitad que la piridoxina libre. Gregory, J. F., Trumbo, P. R., Bailey, L. B., Toth, J. P., Baumgartner, T. G., & Cerda, J. J. (1991). Bioavailability of pyridoxine-5’-β-D-glucoside determined in humans by stable-isotopic methods. The Journal of Nutrition, 121(2), 177-186. Consultar estudio (DOI)
- La revisión que fijó la pauta de dar piridoxina con la isoniazida para evitar la neuropatía del tratamiento antituberculoso. Snider, D. E., Jr. (1980). Pyridoxine supplementation during isoniazid therapy. Tubercle, 61(4), 191-196. Consultar estudio (DOI)
- El estudio seminal de la neuropatía sensitiva atáxica por megadosis de piridoxina, en siete adultos que mejoraron al retirarla. Schaumburg, H., Kaplan, J., Windebank, A., Vick, N., Rasmus, S., Pleasure, D., & Brown, M. J. (1983). Sensory neuropathy from pyridoxine abuse: a new megavitamin syndrome. New England Journal of Medicine, 309(8), 445-448. Consultar estudio (DOI)
- La revisión europea que bajó el límite máximo de suplementación a 12 mg diarios, con la neuropatía periférica como efecto crítico. EFSA Panel on Nutrition, Novel Foods and Food Allergens (2023). Scientific opinion on the tolerable upper intake level for vitamin B6. EFSA Journal, 21(5), e08006. Consultar el informe (DOI)
- La ficha oficial con las ingestas de referencia, los marcadores de estatus y las interacciones farmacológicas. National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. Vitamin B6: fact sheet for health professionals. Consultar la ficha
- La revisión del papel de las bacterias comensales en la síntesis de vitaminas B y su efecto sobre la inmunidad del huésped. Yoshii, K., Hosomi, K., Sawane, K., & Kunisawa, J. (2019). Metabolism of dietary and microbial vitamin B family in the regulation of host immunity. Frontiers in Nutrition, 6, 48. Consultar estudio (DOI)
- Las enzimas dependientes de PLP en el cruce entre el metabolismo del triptófano del huésped y el de sus bacterias, con el déficit de PLP en la enfermedad inflamatoria intestinal. Cellini, B., Zelante, T., Dindo, M., Bellet, M. M., Renga, G., Romani, L., & Costantini, C. (2020). Pyridoxal 5’-phosphate-dependent enzymes at the crossroads of host-microbe tryptophan metabolism. International Journal of Molecular Sciences, 21(16), 5823. Consultar estudio (DOI)
- El trabajo que dejó sin el gen de la B6 a las bacterias intestinales y vio caer la dopamina y la coordinación motora del huésped. Kim, D., Li, M., Nguyen, T. H., Choi, Y. J., Jang, S., Kim, M., Kim, Y. K., Shin, M. K., de Guzman, A. C. V., & Park, S. (2026). Vitamin B6 produced by gut microbiome regulates host behavioral phenotypes through dopaminergic metabolism. Gut Microbes, 18(1), 2695485. Consultar estudio (DOI)
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